A finales del siglo XIX, en 1884, nació Miguel Medrano, el tatarabuelo de esta historia. Como muchos hombres de campo de su época, encontró en las tierras del valle de Cañete, en el distrito de Santa Cruz de Flores, un lugar fértil donde trabajar la vid y transmitir a su familia el amor por la tierra.
En 1904, su hija Petronila continuó ese vínculo con el campo y la tradición agrícola. Años más tarde, a mediados de la década de 1930, nacieron sus hijos Santiago y Filiberto, quienes marcarían profundamente el destino de la familia y de su comunidad.