Nuestra historia

Más de un siglo de tradición familiar en el valle de Cañete.
Introducción
En el valle de Cañete, donde la brisa del Pacífico acaricia las viñas y la tierra fértil guarda la memoria del tiempo, nació una historia que hoy continúa viva.

Nuestra familia cultiva estas tierras desde hace más de un siglo. Generación tras generación hemos aprendido que el vino y el pisco no nacen solo de la uva, sino del respeto por la tierra, del trabajo paciente y del legado que se transmite de padres a hijos.
Línea del tiempo
El legado de Bodega Don Filiberto
1884
Nacimiento de Miguel Medrano, quien inicia la tradición agrícola familiar en el valle de Mala, sembrando las primeras bases del trabajo con la tierra y la vid.
1904
Doña Petronila continúa el vínculo familiar con la tierra, manteniendo viva la tradición agrícola heredada.
Década de 1930
Nacen Don Santiago y Don Filiberto, quienes más adelante serían figuras clave para el desarrollo de la familia y su comunidad.
1940–1950
Don Santiago impulsa el desarrollo del distrito de La Cruz de Flores, promoviendo la creación de la municipalidad y apoyando la construcción de la iglesia, consolidando el crecimiento del pueblo.
Alrededor de 1975
Tras la muerte de su hermano Don Santiago, Don Filiberto decide continuar el legado familiar en la elaboración de vinos y piscos artesanales.
En esos años, su hijo Miguel, entrando en la adolescencia, comienza a observar, aprender y participar del trabajo, absorbiendo el conocimiento y la tradición familiar.
1980–1990
Miguel Ramos Flores fortalece la producción artesanal de pisco, ampliando la tradición familiar y manteniendo los métodos heredados.
Décadas siguientes
La familia continúa cultivando la vid y elaborando vinos y piscos de manera artesanal, manteniendo el carácter familiar de la producción.
2022
Fallece Don Filiberto, patriarca y guardián del legado vitivinícola familiar.
2023
Fallece Miguel Ramos Flores, quien durante décadas impulsó y desarrolló la producción de pisco dentro de la familia.
Tras su partida
Delia Matta Loayza, viuda de Miguel Ramos Flores, decide continuar esta historia junto a sus hijos, preservando el legado familiar y el trabajo en la viña.
Actualidad
La cuarta generación —Miguel, Renzo y Francesca—, junto a Delia Matta Loayza, continúa el legado familiar produciendo vinos y piscos boutique en el valle de Cañete, manteniendo viva una tradición que supera los 100 años.
A finales del siglo XIX, en 1884, nació Miguel Medrano, el tatarabuelo de esta historia. Como muchos hombres de campo de su época, encontró en las tierras del valle de Cañete, en el distrito de Santa Cruz de Flores, un lugar fértil donde trabajar la vid y transmitir a su familia el amor por la tierra.

En 1904, su hija Petronila continuó ese vínculo con el campo y la tradición agrícola. Años más tarde, a mediados de la década de 1930, nacieron sus hijos Santiago y Filiberto, quienes marcarían profundamente el destino de la familia y de su comunidad.
Don Santiago, el hermano mayor, fue un gran gestor y una figura respetada en la zona. Hombre de carácter visionario y espíritu aristocrático, impulsó el crecimiento del distrito de Santa Cruz de Flores, promoviendo la construcción de la primera municipalidad y la iglesia del pueblo. Durante su juventud fue además alumno y amigo del expresidente del Perú, Fernando Belaúnde Terry, a quien conoció en las aulas de la Universidad Nacional de Ingeniería.
Fue en esta etapa cuando comenzó a consolidarse la tradición familiar de elaborar vino casero, aprovechando las uvas cultivadas en las tierras del valle.
Tras el fallecimiento prematuro de Don Santiago, alrededor de los 45 años, su hermano menor, Don Filiberto, asumió el liderazgo para continuar su legado. Hombre profundamente comprometido con su comunidad, contribuyó activamente al desarrollo del balneario de Bujama y participó en la creación de la Compañía de Bomberos de Chilca.

La pasión por la vid y los destilados dio un nuevo impulso cuando Miguel Ramos Flores, hijo de Don Filiberto y nacido en 1963, comenzó años más tarde a desarrollar la producción de pisco, ampliando así la tradición familiar más allá del vino artesanal.

Miguel continuó trabajando junto a su padre durante décadas, fortaleciendo el legado familiar y consolidando la producción artesanal de vinos y piscos. Su compromiso con la comunidad también lo llevó a convertirse en el primer jefe fundador de la Compañía de Bomberos “Señora de la Asunción de María de Chilca N.º 133”.
En agosto de 2022, fallece Don Filiberto, y poco tiempo después, en junio de 2023, parte también Miguel Ramos Flores. Estos acontecimientos marcaron profundamente a la familia, pero también reforzaron el deseo de preservar y renovar el legado construido durante más de un siglo.

Hoy, la cuarta generación decide continuar esta historia. Delia Matta Loayza, viuda de Ramos, junto a sus hijos Miguel, administrador de empresas; Renzo, ingeniero civil; y Francesca, arquitecta, asumen el compromiso de honrar sus raíces y proyectar la tradición familiar hacia el futuro.
Doña Delia se encarga de supervisar los viñedos y mantener vivo el espíritu de la bodega. Su dedicación, cuidado y compromiso con la tierra la convierten en el alma que mantiene a flote la herencia de Bodega Don Filiberto, guiando a la nueva generación en la continuidad de esta tradición familiar.

En las mismas tierras del valle de Cañete, donde sus antepasados cultivaron la vid durante más de cien años, hoy se trabaja la uva con dedicación y respeto por la tierra, produciendo vinos y piscos de carácter artesanal, con la visión de convertir cada botella en un vino boutique con historia, identidad y legado familiar.
El equipo de la bodega
Este trabajo también es posible gracias al conocimiento y dedicación de quienes acompañan día a día el proceso en el viñedo y la bodega. Teodocio, enólogo y encargado de supervisar la calidad de la uva y la elaboración del vino, vela por que cada cosecha mantenga el carácter y la excelencia que distingue a la bodega. A su lado trabaja Melanio, pieza fundamental en el cuidado del viñedo, cuya experiencia y dedicación lo convierten en el alma del trabajo diario en la tierra, guiado siempre por la visión y conocimiento de Teodocio.
Bodega Don Filiberto no es solo una marca

Es la continuidad de una familia, una tierra, un equipo y una tradición que atraviesa generaciones.