Producción

El origen de nuestros vinos y piscos comienza en la tierra.
En Bodega Don Filiberto cada etapa del proceso se realiza con respeto por la tradición, el tiempo y el carácter natural de la uva.
El Viñedo
Nuestros viñedos se encuentran en el valle de Cañete, una región tradicionalmente reconocida por su cultura vitivinícola.

Las vides crecen en suelos pedregosos con excelente drenaje natural, lo que permite que las raíces se desarrollen profundamente y absorban los minerales esenciales de la tierra.

La brisa fresca proveniente del océano Pacífico aporta equilibrio al clima del valle, creando condiciones ideales para el cultivo de la uva borgoña.

Este entorno natural permite obtener uvas con una expresión auténtica del terroir del valle de Cañete.
Entorno Natural
El viñedo convive con otros cultivos tradicionales del valle como manzana, chirimoya, lúcuma, pecanas y diferentes variedades de uva.

Esta diversidad agrícola forma parte del ecosistema natural del valle y contribuye a la riqueza aromática que caracteriza a nuestros vinos.

El paisaje agrícola que rodea la bodega es parte esencial de la identidad de Bodega Don Filiberto.
Vendimia
La cosecha se realiza de manera manual.

Cada racimo es cuidadosamente seleccionado para preservar la calidad de la fruta y garantizar que solo las mejores uvas formen parte del proceso de elaboración.

Este trabajo requiere paciencia, conocimiento del viñedo y respeto por el ritmo natural de la vid.
Elaboración del vino
Una vez en la bodega, las uvas pasan por un proceso de fermentación cuidadosamente controlado.

El objetivo es preservar la frescura de la fruta y mantener los aromas naturales de la uva borgoña.

Cada etapa del proceso busca respetar la esencia del fruto y reflejar la identidad del valle de Cañete en cada botella.

La producción es limitada y se realiza con un enfoque artesanal, priorizando siempre la calidad sobre la cantidad.
Nuestra filosofía
En Bodega Don Filiberto creemos que el vino no se produce únicamente en la bodega.

Comienza en la tierra, continúa en la vid y se transforma con el tiempo, el conocimiento y la dedicación de quienes trabajan cada día en el viñedo.

Cada botella es el resultado de una tradición familiar que atraviesa generaciones.